“Voy a caminar por salud” —decía todas las noches a las 10 en punto. Pero su hijo descubrió que sacaba millones en secreto y entraba a un hotel oscuro. Pensó que era una infidelidad tardía… hasta que abrió la puerta y la verdad lo dejó sin palabras.

Las historias de dobles vidas suelen escucharse en telenovelas o películas, pero lo que viví con mi propia madre me dejó marcado de por vida. A los 60 años, ella comenzó a comportarse de una manera extraña, cada vez más distante y misteriosa. Lo que parecía una simple rutina nocturna se transformó en una investigación familiar cargada de miedo, sospechas y un descubrimiento que jamás imaginé.
Los primeros indicios
Mi madre siempre había sido una mujer sencilla: ropa discreta, rutinas hogareñas, horarios fijos. Pero de pronto todo cambió. Empezó a arreglarse con más cuidado: vestidos elegantes, un maquillaje sutil pero impecable, perfumes caros que antes no usaba.
Lo más inquietante era su costumbre recién adquirida: todas las noches, a las 10 en punto, salía diciendo que iba a caminar “por salud”. Volvía cerca de la medianoche, con el rostro cansado pero con una sonrisa enigmática que aumentaba mis dudas.
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