El eco de la historia
Algunos años después, el rumor de su doble vida comenzó a circular en el barrio. Muchos la admiraban en silencio, otros la tildaban de “loca generosa”. Pero a nadie dejó indiferente.
Lo cierto es que mi madre, a sus 60 años, encontró un propósito que la mantenía viva: dar dignidad a quienes habían perdido todo.
Una lección inolvidable
Hoy, cada vez que recuerdo aquella noche en que abrí la puerta del hotel, siento una mezcla de culpa y orgullo. Culpa por haber dudado de ella, orgullo por descubrir que tenía a una verdadera heroína dentro de casa.
La doble vida de mi madre no estaba hecha de amantes ni de traiciones, sino de sacrificios y valentía. Y aunque el mundo nunca la reconozca en grandes titulares, para mí siempre será la mujer que cambió la vida de muchos… y la mía también.
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