La doble y atormentada vida de juan gabriel era mucho más oscura de lo que imaginábamos…

sobre cómo conocer a alguien puede destruir la felicidad que tenías antes. Amor eterno en 1984. Sobre la muerte de una madre y un amor que ni la muerte puede terminar. Cada canción era un pedazo de su alma arrancado y puesto en papel. Y México las devoraba. Las cantaba en fiestas y funerales, las lloraba en momentos de dolor, las hacía completamente suyas, sin saber que estaban cantando la autobiografía de Juan Gabriel. Pero con el éxito meteórico llegaron los rumores, los susurros que se convertían en conversaciones, porque Juan Gabriel no era como los otros cantantes masculinos de su época.

No se le conocían novias públicas, no presumía conquistas amorosas en entrevistas, se vestía de forma cada vez más extravagante, con trajes brillantes, lentejuelas y colores que otros hombres nunca usarían. Se maquillaba elaboradamente para los shows, se movía en el escenario de una forma fluida que algunos consideraban femenina. Y en el México machista de los años 70, todo eso junto significaba una sola cosa, una cosa que nadie decía directamente en los medios, pero que todos murmuraban en privado, que Juan Gabriel era homosexual.

Y eso era un problema existencial para su carrera porque México en los 70 podía amar. Podía llorar con tus canciones, podía llenar tus conciertos, pero no podía amar abiertamente a un artista gay. La industria te rechazaría. La radio dejaría de tocar tus canciones progresivamente. Los patrocinadores huirían, las puertas se cerrarían, tu carrera se acabaría. Era así de simple y así de brutal. Entonces Juan Gabriel hizo lo que había aprendido a hacer desde niño en el internado, cuando los otros niños lo golpeaban por ser diferente: esconderse, construir una fachada más convincente, mostrar lo que la gente necesitaba ver para aceptarlo.

En 1974, Juan Gabriel sorprendió a todos con un anuncio que nadie esperaba. Tenía un hijo, se llamaba Iván Gabriel. Tenía pocos meses de edad y aunque Juan Gabriel nunca reveló públicamente quién era la madre, nunca mostró fotos con ella, nunca habló de una relación, ahí estaba el bebé. La prueba física innegable de que Juan Gabriel era un hombre normal, un padre, alguien que podía tener una familia tradicional, alguien que claramente no era lo que los rumores sugerían.

2 años después, en 1976, anunció un segundo hijo, Joan Gabriel. Al año siguiente, en 1977, un tercero, Hans Gabriel. Y finalmente, casi una década después, en 1986, un cuarto, Jean Gabriel. Cuatro hijos que Juan Gabriel presentó al mundo como evidencia irrefutable de su masculinidad, como escudo protector contra los rumores que nunca paraban de circular. Y México aceptó esa narrativa, no porque la mayoría la creyera completamente, sino porque querían creerla, porque necesitaban que Juan Gabriel fuera quien decía ser, porque sus canciones eran demasiado importantes para perderlas por algo tan incómodo como la verdad.

Pero la verdad sobre esos niños era más complicada que la historia oficial. Los niños existían. Eso era innegable. Hay actas de nacimiento registradas, hay documentos legales, hay fotografías, pero las circunstancias de su nacimiento siempre fueron deliberadamente nebulosas y secretas. Las madres nunca aparecían públicamente, nunca daban entrevistas explicando su relación con Juan Gabriel, nunca se les veía con él en eventos, nunca había fotos familiares tradicionales y los niños vivían con sus respectivas madres, no con Juan Gabriel. Juan Gabriel los visitaba ocasionalmente cuando sus giras se lo permitían.

les mandaba dinero generosamente, les compraba todo lo que quisieran materialmente, les daba oportunidades educativas extraordinarias, pero no vivía con ellos, no los criaba día a día, no estaba presente de la forma que un padre tradicional debería estar. Y hay que decir esto con claridad y compasión, porque es importante entenderlo correctamente. Juan Gabriel amaba a esos niños a su manera. Les daba todo lo que el dinero podía comprar, oportunidades que él nunca tuvo. Educación en las mejores escuelas, viajes por el mundo, exposición a la cultura, todo lo material, pero no podía darles presencia emocional constante, no podía ser un padre tradicional presente en el día a día.

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