” ¿Pero qué? ¿Usted ha tenido hijos? La pregunta golpeó a Fernando como un puñetazo en el estómago. Por un momento no pudo respirar. Lucía, aún en sus brazos, lo miró hacia arriba como siera su agitación. ¿Por qué lo pregunta? Logró decir al final. Es que usted parece saber instintivamente cómo tratarla y a veces veo una expresión en su rostro cuando la mira como si como si qué, como si extrañara algo. Fernando devolvió a Lucía a los brazos de Claudia más abruptamente de lo que pretendía.
Nunca he tenido hijos mintió y no planeo tenerlos. Disculpe, señor, no quise ser indiscreta. No fue indiscreta. Solo prefiero no hablar de mi vida personal. Claro. Voy a preparar a Lucía para irnos. Fernando se alejó rápidamente subiendo a la habitación. Se encerró en el baño y se miró en el espejo. Su rostro estaba pálido y sus manos temblaban ligeramente.
Las preguntas de Claudia habían tocado heridas que mantenía cuidadosamente cerradas. En realidad, él había tenido una hija, una niña de ojos azules brillantes y sonrisa contagiosa, muy parecida a Lucía, pero ella se había ido hacía 5 años, llevándose consigo no solo su vida, sino también el corazón de Fernando y su matrimonio.
Desde entonces había construido muros cuidadosos alrededor de sus emociones, dedicándose exclusivamente al trabajo y evitando cualquier situación que pudiera despertar recuerdos dolorosos. La presencia de Lucía estaba derribando esos muros ladrillo por ladrillo. Cuando bajó de nuevo, Claudia y Lucía ya se habían ido.
La casa estaba en silencio, pero el silencio ahora parecía cargado de recuerdos y posibilidades inquietantes. Esa noche, Fernando soñó con su hija perdida por primera vez en meses. En el sueño, ella corría por el jardín de la mansión riendo y llamándolo. Pero cuando él se acercaba, ella se transformaba en Lucía, extendiendo sus bracitos con la misma sonrisa confiada.
Despertó de madrugada con el corazón acelerado y la ropa húmeda de sudor. Por unos momentos permaneció acostado en la oscuridad tratando de separar el sueño de la realidad, el pasado del presente. Por primera vez en 5 años, Fernando se preguntó si realmente estaba viviendo o solo existiendo.
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Fernando, por su parte, se descubrió creando excusas para aparecer por los alrededores de la habitación, siempre bajo el pretexto de necesitar algo de la zona de servicio o verificar algún detalle de la casa. Lucía, que inicialmente había sido vista como una perturbación temporal, estaba gradualmente convirtiéndose en una presencia familiar.
Juegos familiares
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