“¿Puedo?” Claudia dudó un momento sorprendida por la oferta, pero la situación desesperada la hizo aceptar. Pasó cuidadosamente a Lucía a los brazos de Fernando. El efecto fue casi inmediato. No es que Lucía dejara de llorar por completo, pero el sonido disminuyó considerablemente. Fernando la sostuvo con cuidado, como si estuviera hecha de cristal, meciéndola suavemente.
“La voz masculina a veces calma”, comentó Claudia, observando atentamente la reacción de su hija. En serio, mi papá solía decir que los bebés se sienten seguros con voces más graves. Nunca entendí por qué. Fernando continuó meciendo a Lucía, sintiendo el pequeño cuerpo relajarse gradualmente contra su pecho.
La bebé aún soyloosaba de vez en cuando, pero el llanto desesperado había cesado. ¿Mejor?, preguntó suavemente, mirando el rostro de Lucía. Para su sorpresa, Lucía abrió los ojos y lo miró directamente. Sus ojos azules, aún húmedos de lágrimas, parecían estudiarlo con una intensidad desconcertante para alguien tan pequeña.
Lentamente extendió una manita minúscula y tocó su rostro. El toque fue como una descarga eléctrica. Fernando sintió algo moverse dentro de su pecho, una emoción que había enterrado hace tanto tiempo que casi olvidó que existía. Por un momento, el mundo se detuvo y solo estaban él y aquellos ojos azules confiados. Señor Fernando, la voz de Claudia lo trajo de vuelta a la realidad.
Sí, gracias. Ella parece mucho mejor ahora. Fernando miró hacia abajo y notó que Lucía se había dormido en sus brazos. El pequeño cuerpo estaba completamente relajado, la respiración suave, irregular. ¿Dónde? ¿Dónde debo ponerla? Preguntó sin saber por qué susurraba. En la habitación, por favor, hay una cobija en el suelo donde puede dormir.
Fernando caminó con cuidado hasta la habitación de huéspedes y se arrodilló lentamente, depositando a Lucía sobre la cobija suave. La bebé se movió ligeramente, pero siguió durmiendo, una expresión pacífica en su carita. Claudia apareció en la puerta con una sábana delgada. para cubrirla”, explicó. “Muchas gracias, de verdad.
Ya no sabía qué hacer.” Fue, no fue nada”, respondió Fernando, aunque ambos sabían que no era cierto. Permaneció allí unos segundos más, observando a Lucía dormir antes de alejarse a regañadientes. El resto del día transcurrió en un silencio relativo. Lucía durmió dos horas seguidas, permitiendo que Claudia se concentrara en las tareas del hogar.
Fernando, por su parte, descubrió que ya no podía trabajar en la oficina. En cambio, se encontró vagando por la casa, siempre cerca de la habitación donde dormía Lucía. Cuando la bebé finalmente despertó, fue de buen humor. Claudia la alimentó y le cambió el pañal.
Y pronto Lucía jugaba alegremente en la cobija, fascinada por un sonajero colorido que Claudia había traído. Fernando apareció en la puerta de la habitación como si solo estuviera pasando, pero se detuvo al ver a Lucía sonreírle al sonajero. Ella parece mucho mejor, comentó. Sí, el cólico pasó. Gracias de nuevo por ayudarme antes. Hm. Fernando se quedó parado allí unos minutos, observando a Lucía jugar.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
