Rafael, desesperado, intentó dar un paso al frente. Adrián, basta. No hay necesidad de destruirnos de esta manera. Si quieres podemos renegociar los términos del acuerdo. Estoy seguro de que podemos llegar a una solución. Adrián observó con calma. Renegociar. No entendiste nada. Esto no se trata de números, Rafael.
Esto se trata de respeto y ya no tienes nada que ofrecerme. El murmullo volvió a recorrer el salón. Varios invitados comenzaron a tomar notas en sus teléfonos. Otros simplemente observaban con incredulidad. Elena, de pie junto a Adrián, sentía como la balanza del poder se había invertido por completo. De ser la víctima de las burlas, ahora era la mujer por la que toda una familia estaba de rodillas.
Adrián respiró hondo y habló de nuevo, esta vez con un tono más calculado. Pero aún no he terminado. ¿Ustedes creen que cancelar un acuerdo millonario es el fin de todo? Se equivocan. Hay algo más que deben saber. El silencio se intensificó. Beatriz levantó la cabeza lentamente con el maquillaje corrido por las lágrimas.
Valeria lo miró con incredulidad. Tomás temblaba. Rafael cerró los puños intentando mantener el control. Adrián dejó que el silencio se alargara unos segundos más antes de pronunciar la frase que cambiaría todo. Morary Capital Partners posee el 35% de las acciones de Color Global Group. El impacto fue inmediato.
Un murmullo explosivo recorrió la sala. Algunas copas se derramaron al caer de manos temblorosas. Los invitados se miraron entre sí, conscientes de lo que eso significaba. “¿Qué dijiste?”, susurró Rafael con el rostro desencajado. Lo que escuchaste, respondió Adrián con firmeza. Soy el accionista individual más grande de tu empresa.
Eso me da poder suficiente para convocar una reunión de la junta directiva y decidir el futuro de todos ustedes. Valeria retrocedió un paso pálida. Eso no puede ser cierto. ¿Quieres comprobarlo? preguntó Adrián sacando un documento de su chaqueta. Era una copia del último informe presentado ante la junta de accionistas. Aquí están las cifras.
No hay nada que pueda negar. Los invitados comenzaron a murmurar con más fuerza. La caída de los Keyer ya no era solo social, era empresarial, legal, definitiva. Beatriz apretó las manos contra el suelo tratando de levantarse. Por favor, Adrián. Esto puede resolverse. Podemos llegar a un acuerdo. No, la interrumpió él.
Lo único que se resolverá será en la junta directiva y ahí se discutirá si tu familia merece seguir al mando de la empresa o no. Elena habló entonces por primera vez con voz clara y firme hacia todos los presentes. Ustedes intentaron humillarme porque pensaron que era débil, porque juzgaron mi ropa, mi apariencia, mi silencio.
Hoy descubren que no solo tengo derecho a estar aquí, sino que estoy por encima de ustedes. El murmullo se convirtió en un silencio sepulcral. Nadie se atrevió a contradecirla. Adrián cerró la escena con una sentencia que el heló la sangre de los Keyer.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
