Elena bajó la vista un instante hacia su vestido manchado. Podía sentir la humedad pegándose a la tela, pero más le ardían las miradas y las carcajadas alrededor. Antes de que pudiera reaccionar, Valeria se adelantó con una servilleta en la mano. “Déjame ayudarte”, dijo en un tono fingidamente amable. se inclinó hacia ella, pero en lugar de limpiar con delicadeza, presionó la servilleta con fuerza, extendiendo aún más la mancha y arruinando la tela.
“¡Ay, qué pena! Parece que no sirvo para limpiar”, añadió con sarcasmo. Las risas volvieron a estallar. Tomás enfocó la escena con su teléfono y murmuró, “Esto es oro puro.” Elena apretó los labios. Sabía que la habían provocado a propósito, que nada de lo ocurrido era casualidad. Sin embargo, se obligó a mantener la compostura. Se enderezó y sostuvo la mirada de Valeria sin pestañar.
El guardia dio un paso al frente incómodo por la tensión. Señora, tal vez sería mejor que espere en el pasillo mientras aclaramos su asistencia”, sugirió en un tono bajo, como si quisiera evitar un mayor escándalo. Elena lo miró directamente a los ojos. “Tengo tanto derecho como cualquiera de ustedes a estar aquí”, respondió con serenidad, aunque su voz tenía un filo firme que sorprendió al guardia.
Beatriz se acomodó las perlas y sonrió con superioridad. Eso lo decidiremos cuando llegue mi esposo. Estoy segura de que sabrá poner orden en este asunto. Mientras tanto, la transmisión en vivo de Tomás seguía aumentando en vistas. Más de 15,000 personas observaban ya cómo se desarrollaba la escena en tiempo real.
Los comentarios se acumulaban a tal velocidad que ni siquiera él podía leerlos todos. Pero la sonrisa en su rostro dejaba claro que disfrutaba del espectáculo. El vino se había secado un poco en la tela, dejando un rastro oscuro que parecía gritar la vergüenza que intentaban imponerle. Elena permanecía de pie en medio del salón, rodeada por risas disimuladas, miradas curiosas y un murmullo constante que hacía vibrar el aire.
El ambiente cargado de perfumes caros y de arrogancia se volvía más pesado a cada segundo. El guardia de seguridad insistió con un gesto nervioso. Señora, lo mejor sería que la acompañara afuera mientras aclaramos este malentendido. Elena giró el rostro hacia él y sostuvo su mirada con firmeza. No pienso salir de aquí.
He sido invitada y tengo mi tarjeta de invitación. No voy a dejar que me traten como si fuera una intrusa. Las palabras resonaron con fuerza en el silencio momentáneo. Algunos invitados, sorprendidos por la seguridad en su voz, se removieron incómodos en sus asientos. Otros apenas pudieron contener la risa. Valeria intervino de inmediato, sin perder la oportunidad de humillarla.
Claro, seguro mandaste imprimir una copia barata. Hoy en día cualquiera puede falsificar algo así. El guardia levantó de nuevo la tarjeta inseguro. Señora Keyer, ya verifiqué que el relieve y los sellos coinciden. Parece auténtica. Parece, repitió Valeria con un tono teatral. Entonces, ¿todavía hay dudas? No. Elena respiró hondo. Mi invitación es real.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
