Tomás seguía transmitiendo en vivo, enfocando cada gesto, cada palabra. La audiencia en su directo había superado ya las 40,000 personas. Sonrió satisfecho, murmurando para sus seguidores. Esto está mejor de lo que esperaba. Elena apretó su cluche en las manos, pero no se dio terreno.
La tensión aumentaba con cada segundo y aunque parecía que estaba sola contra todos, su mirada firme revelaba que algo dentro de ella se mantenía inquebrantable. Un par de invitados intercambiaron miradas preocupadas. Uno de ellos susurró, “Esto se está saliendo de control.” Pero Beatriz no parecía dispuesta a detenerse. “Querida”, dijo en un tono dulce y venenoso a la vez. “¿Por qué no nos haces un favor a todos y utilizas la salida de servicio? Así evitamos más incomodidades.
Elena no respondió de inmediato, miró alrededor. Los candelabros iluminaban las caras expectantes de 200 personas que parecían disfrutar del espectáculo tanto como de la champaña. Sabía que estaban esperando que se diera, que se derrumbara, pero no lo haría. “No voy a salir por la puerta de servicio”, dijo finalmente con voz clara y firme. “No soy personal del hotel.
Soy una invitada y me quedaré aquí. El murmullo se convirtió en un rumor más intenso, como un oleaje en una playa antes de una tormenta. Rafael se cruzó de brazos irritado. Entonces será mejor que te prepares para las consecuencias. Elena sintió otra vibración en su cluch. Era otro mensaje de Adrián.
lo ignoró por el momento. Sabía que él estaba cerca y ese pensamiento bastaba para mantenerla en pie. Tomás, divertido, enfocó de nuevo el rostro de su hermana Valeria, quien sonreía con malicia. “Esto apenas empieza”, dijo en voz baja, pero lo suficientemente fuerte como para que algunos invitados lo escucharan. Elena lo oyó también.
Y aunque por dentro la tensión crecía, por fuera mantenía el mismo porte erguido, la misma mirada segura. Estaba sola en ese momento, pero sabía que muy pronto todo cambiaría. Hagamos un juego para quienes leen los comentarios. Escribe la palabra galleta en la sección de comentarios. Solo quien llegó hasta aquí lo entenderá. Continuemos con la historia.
El ambiente del salón estaba cargado. Los candelabros de cristal iluminaban las mesas repletas de copas, pero la atención de todo seguía concentrada en el pequeño círculo donde Elena permanecía firme frente a la familia Keyer. Era como si el resto de la gala hubiera dejado de existir. Beatriz, con el rostro erguido y la voz templada, decidió llevar la situación más lejos.
“Escúchame bien, querida”, dijo acariciando lentamente su collar de perlas. Este no es un lugar para cualquiera. Has causado suficientes molestias. Lo mejor es que uses la puerta de servicio. Las palabras quedaron suspendidas en el aire como una orden disfrazada de cortesía. Valeria sonrió satisfecha disfrutando cada segundo del espectáculo.
Sí, será más rápido, añadió con sarcasmo. Así no arruinas más la velada con tu presencia. Algunos invitados rieron en voz baja, otros se miraron entre sí con incomodidad, pero ninguno se atrevió a contradecir a los queer. La influencia de esa familia pesaba demasiado.
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