La familia Millonaria se burló de una mujer en la fiesta y su esposo canceló el trato de millones…

Elena, con la mancha de vino todavía marcada en su vestido, respiró profundo. “No voy a salir por ninguna puerta de servicio”, respondió con claridad. “No soy una empleada del hotel. Vine como invitada y permaneceré aquí.” El guardia de seguridad miró a Beatriz esperando una señal. Ella sintió apenas con la cabeza.

El hombre se acercó un paso más con la intención de forzar la salida. “Le ruego que me acompañe, señora”, dijo en un tono bajo, casi avergonzado. Elena sostuvo su mirada. “No me voy a ir”, repitió con la misma firmeza que había usado antes. El guardia dudó, pero Beatriz se impacientó. ¿Acaso necesitas que lo repita? Le espetó con dureza. Llévala afuera.

Elena apretó el clutch con fuerza. Sintió que el guardia estaba a punto de tomarla del brazo nuevamente y por un instante el corazón le golpeó en el pecho. Pero antes de que pudiera ocurrir, su teléfono vibró dentro del bolso. Ese detalle le devolvió la calma. Adrián estaba cerca, muy cerca. Valeria aprovechó el momento para acercarse más.

“¿Sabes qué es lo peor de todo?”, dijo en voz baja, aunque lo suficiente para que varias personas alrededor escucharan. “¿Que de verdad piensas que puedes encajar aquí?” Elena levantó la vista hacia ella. “No necesito encajar en sus estándares para saber que merezco respeto.” Valeria sonrió con desdén y dio media vuelta, como si la respuesta no valiera la pena. Mientras tanto, Tomás continuaba transmitiendo.

Su teléfono mostraba que el número de espectadores no dejaba de aumentar. “Amigos, esto es histórico”, murmuraba con la sonrisa dibujada en el rostro. “No todos los días una desconocida desafía a mi familia en su propia gala.” Los comentarios en su directo se acumulaban a una velocidad impresionante. Algunos pedían que dejaran a Elena en paz, otros se burlaban del vestido manchado.

Pero lo que quedaba claro era que la situación ya no pertenecía solo al salón. El mundo digital estaba mirando. Un hombre joven sentado cerca del escenario susurró a su compañera. Esto se les está saliendo de control. Ella asintió preocupada. Los que ya están cabando su propia tumba. Elena escuchó parte del comentario y sintió un leve alivio. No todos compartían la crueldad de la familia anfitriona.

Beatriz, sin embargo, seguía convencida de que tenía el control. “No sé cuánto tiempo más vamos a tolerar este espectáculo”, dijo alzando la voz para que todos oyeran. Esta mujer está ensuciando el nombre de nuestra familia con su terquedad. Rafael asintió en silencio, apoyando a su esposa.

Valeria bebió un sorbo de champaña y sonrió como si estuviera disfrutando de un espectáculo privado. Elena miró a su alrededor. Sentía cada mirada sobre ella, cada susurro, cada risa contenida y aún así se mantuvo erguida. El vestido manchado no era nada comparado con la certeza de que en cuestión de minutos todo cambiaría. De pronto, el reportero de negocios que se encontraba en una esquina levantó la vista de su teléfono.

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