Un barista de mirada amable. Lucas. Sin agenda. Sin actuación. Solo calidez.
Hablamos unos minutos sobre libros, música, la vida. Nada serio.
Pero al salir, lo sentí:
posibilidad.
No un romance como rescate.
No un rebote.
Solo el silencioso recordatorio de que mi futuro no terminaba en una caja registradora de Saks.
Esa noche, en una libreta que había empezado el día que me elegí, añadí una frase:
Estoy lista para lo que venga. Y lo que venga será mío.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
