"No tiene corazón."
Tenía corazón. Simplemente ya no pertenecía al pueblo.
Pertenecía a su hija, Masha. Y a Fiódor, quien para ella seguía siendo Fedya, tranquilo, confiable, de manos cálidas.
Los sacó de la pobreza. Construyó una casa nueva. Impulsó la apertura de una escuela en el pueblo. Llevó a Masha a la escuela del distrito.
Cada éxito que alcanzaba era una bofetada para quienes una vez aconsejaron ahogar a la niña.
Conclusión
La vieja Arina fue temida hasta su muerte. Decían que su mirada era pesada, que sus palabras eran como una sentencia de muerte. Pero cuando murió, todo el pueblo fue a enterrarla.
Porque fue ella quien les abrió un camino, un centro médico, casas nuevas después del incendio. Era a ella a quien la gente acudía en busca de información, ayuda, protección contra la injusticia.
Nunca se ablandó. Nunca volvió a confiar en la gente. La guerra le había arrebatado esa capacidad.
Pero hizo lo más importante: no dejó que el mal determinara el destino de su hijo. No dejó que la vergüenza ahogara su vida. No permitió que los susurros del pueblo se convirtieran en ley.
Una vez, junto al agujero en el hielo, eligió no la muerte, sino la lucha. Y desde entonces, aferró su destino con fuerza, sin soltarlo jamás.
Y aunque su victoria contenía poca luz y mucha amargura, fue su victoria. Conseguida con esfuerzo. Quemada. Cierto.
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