La hija del multimillonario no ha hablado desde que nació… hasta que el pobre chico negro hizo lo impensable…

Como si un paso en falso pudiera hacer que la voz de Eva se escondiera de nuevo en ese lugar inalcanzable donde había vivido siete años.

Y en medio de todo—de pie junto a la silla de Eva, incómodo como si hubiera entrado a Buckingham Palace—estaba Malik.

🍳 Desayuno con Malik
El personal de cocina había preparado un desayuno elegante:

Crêpes con compota de frutos rojos.
Brioche fresco.
Huevos Florentine.
Quesos importados.
Una jarrita de leche de lavanda que a Eva le gustaba oler pero nunca beber.

Malik miró la mesa como si fuera una exposición de arte que le daba miedo tocar.

Le susurró a Eva: —Esto no es comida normal.

Eva soltó una risita—una risita de verdad—y a Henry casi se le cayó el tenedor.

Ella había reído antes, en raros momentos, pero esto—esto era luminoso, abierto, libre.

A Henry se le encogió el corazón.

—Puedes comer lo que quieras —le dijo Henry a Malik.

El chico se sentó tieso en la orilla de la silla, con los dos pies plantados, listo para salir corriendo si hacía falta.

—Estoy bien, señor —murmuró.

Eva negó con la cabeza, luego le tocó el plato y se lo empujó hacia él.

—Come —susurró.

Henry se congeló.

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