Henry dejó el informe sobre el escritorio, con las manos entrelazadas bajo la barbilla.
Ese chico no había entrado a sus vidas por casualidad.
Había entrado porque la supervivencia afila la empatía.
Él también había vivido un silencio, a su manera.
Y quizá por eso Eva confiaba en él.
Él entendía el peso invisible.
🚪 La confrontación con el personal
No todos aprobaban la presencia de Malik.
Dos días después del avance terapéutico, Henry encontró al jefe de seguridad de pie en el pasillo, rígido, con una expresión dura como piedra.
—Señor —dijo—, con todo respeto, es inapropiado y peligroso permitir que un menor desconocido tenga acceso tan cercano a su hija.
Henry alzó una ceja. —¿Peligroso?
—No tiene verificación de antecedentes, ni referencias, ni autorización. Señor, entró a la propiedad ilegalmente.
—Y entonces mi hija habló con él.
El jefe de seguridad titubeó. —Señor… esto podría ser manipulación. O un intento de obtener—
—Basta.
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