Henry lo miró por el retrovisor.
—Porque —dijo en voz baja— tú encontraste a mi hija cuando yo no pude.
Malik volteó la cara, avergonzado.
—No soy especial.
—Sí —dijo Henry suavemente—. Sí lo eres.
El chico tragó saliva y no dijo nada más.
Pero cuando entraron a la propiedad y Eva salió corriendo—con los rizos saltándole y la voz clara, emocionada—
—¡Malik! ¡Volviste!
—la forma en que le tomó la mano le dijo a Henry todo lo que necesitaba saber.
Sus vidas ya estaban entretejidas.
Y él protegería ese regalo con todo lo que tenía.
PARTE III — Dos mundos, una niña
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