Henry se acercó a la puerta.
Estaba entreabierta.
No debió mirar.
Lo sabía.
Pero miró.
Y lo que vio le sacó el aire.
Malik estaba en medio de la sala diminuta y llena de cosas, con dos niños aferrados a él. Su madre yacía en el sillón, pálida, con sudor en la frente, tosiendo débilmente.
—Malik —raspó ella—, tienes que dormir. Tienes escuela.
—Estoy bien, ma —susurró Malik, apartándole el pelo—. No te preocupes. Aquí estoy.
Zion lloró.
Jada le jaló la manga.
Lewis se quedó vigilando la puerta, mirando al mundo con la dureza de un niño demasiado joven para ser soldado.
Henry dio un paso atrás, con el corazón golpeándole.
Ese chico estaba sosteniendo a toda su familia.
Con razón estaba cansado.
Con razón llegaba tarde.
Con razón dudaba.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
