Contrata a Michael Torres, un abogado especializado en fraude inmobiliario. Consiguen una orden de alejamiento que impide que su padre se acerque a ella o a la cabaña. El fiscal presenta cargos por falsificación y robo con engaño. La posible sentencia podría alcanzar los doce años.
El equipo de defensa de su padre intenta negociar. Le ofrecen terapia y la ayuda de Jugadores Anónimos, pero poca restitución financiera, ya que no tiene activos líquidos. También intentan presionarla emocionalmente, advirtiéndole que el proceso judicial destruirá la reputación de la familia. Pero ella se da cuenta de algo importante: su padre ya destruyó a la familia cuando optó por el engaño. Simplemente se niega a fingir lo contrario.
Mientras tanto, su madre inicialmente defiende a su padre, alegando que intentaba proteger a la familia de acreedores peligrosos. Más tarde, descubre que él pidió en secreto una segunda hipoteca de 200.000 dólares y mintió al respecto. Solicita el divorcio y finalmente admite que su hija tenía razón al poner límites.
Su hermana reacciona de forma diferente al principio. Acusa al narrador de ser frío y afirma que «la familia es más importante que la propiedad». Pero cuando más tarde se descubre que su padre está siendo investigado por malversación de fondos de clientes en su firma de contabilidad, la perspectiva de su hermana comienza a cambiar. Queda claro que el juego no era el único problema: existía un patrón de engaño.
En el tribunal, su padre se declara culpable de falsificación como parte de un acuerdo con la fiscalía.
Recibe libertad condicional, tratamiento obligatorio contra la adicción, servicio comunitario y una restitución de 15.000 dólares pagada en pequeñas cuotas mensuales. El juez afirma claramente que robarle a un hijo propio representa una profunda traición. Su padre se disculpa públicamente, diciendo que estaba desesperado y avergonzado. Ella no responde. El perdón y la confianza no son automáticos.
Refuerza la seguridad de la cabaña y la coloca en un fideicomiso legal para imposibilitar prácticamente cualquier transferencia no autorizada en el futuro. Instala cámaras, cambia cerraduras y se asegura de que la escritura incluya alertas permanentes de fraude. La cabaña se convierte no solo en una propiedad, sino en un símbolo de autonomía y límites.
Más tarde, se encuentra inesperadamente con su padre en una gasolinera. Parece disminuido, humillado. Dice que está en tratamiento y que lo está intentando. Ella responde con cortesía, pero mantiene la distancia emocional. Ella comprende algo esencial: intentarlo no es lo mismo que reconstruir la confianza.
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