El cielo estaba despejado, las calles ya no estaban encharcadas y la vida seguía como siempre. Pero dentro de Claudia algo había cambiado. Esa noche distinta que pasó en la casa de Leonardo le dejó muchas emociones revueltas. No podía dejar de pensar en la forma en que él le habló, en ese momento en que se tomaron de la mano, en ese silencio que compartieron.
No fue un beso, no fue una declaración, pero fue algo, algo real. Renata iba feliz, como todos los días. cantaba mientras caminaban rumbo a la parada del camión y le preguntaba a su mamá si podían volver a quedarse en la casa grande.
Claudia le respondió que no, que solo fue por la lluvia, pero por dentro no estaba tan segura de querer mantener esa distancia. Quería proteger a su hija, claro, pero también sentía que ya no era tan fácil separar todo lo que estaba pasando. El corazón no entendía de diferencias sociales, ni de sueldos, ni de pasados rotos. El corazón solo sentía. Al llegar a la mansión, José las recibió con la misma sonrisa de siempre.
Marta en la cocina preparando desayuno. Claudia dejó su bolsa, le dio a Renata sus cosas para dibujar y se puso a trabajar. Estaba barriendo el pasillo del segundo piso cuando escuchó la puerta principal abrirse. No le dio importancia al principio, pero en cuanto oyó la voz lo supo. Julieta había vuelto. Sus pasos eran distintos, tacones que resonaban con fuerza, con intención.
bajó del segundo piso y la vio entrando a la sala con un vestido entallado color vino y una bolsa de marca colgando del brazo. Saludó a Marta como si fueran viejas amigas, aunque nunca habían sido cercanas. Luego miró alrededor como si estuviera inspeccionando. Claudia siguió con su trabajo tratando de pasar desapercibida, pero no tuvo suerte.
Julieta caminó hacia ella con una sonrisa fingida y la saludó con un tono que parecía amable, pero traía veneno escondido. Buenos días, Claudia, ¿verdad? Claudia se limpió las manos con el trapo y respondió con respeto. Buenos días. Sí, señorita. Qué gusto que sigas aquí. Me habían contado que últimamente te has vuelto parte muy importante en la casa”, dijo con una voz suave, pero cargada de doble sentido. Claudia no respondió, solo bajó la mirada y siguió barriendo. Julieta no se movió.
“Debe ser bonito trabajar aquí, sobre todo cuando el jefe empieza a sonreír otra vez. Eso no se veía desde hace años.” Claudia levantó la mirada con calma, sin caer en provocaciones. “Solo hago mi trabajo, como siempre.” Julieta sonrió con los labios, pero no con los ojos. Claro, pero me imagino que no cualquiera logra hacer reír a Leonardo.
Eso no es parte del contrato, ¿o sí? Claudia sintió que la sangre le subía al rostro. No gritó, no respondió con enojo, solo respiró hondo y siguió con lo suyo, pero por dentro cada palabra le había calado. Más tarde, mientras preparaba las habitaciones de arriba, Renata corrió hacia ella con un dibujo en la mano. Mira, mami, es Leo y yo en el columpio. Claudia lo miró.
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