La llamaron estéril, la humillaron en público y la rechazó hasta su propia familia. Pero cuando un guerrero apache llegó herido a su pueblo, nadie imaginó que él despertaría la vida que todos creían muerta en su vientre….

El alcalde, don Ignacio Vega, un hombre pequeño con tendencia a sudar cuando estaba nervioso, se secó la frente con un pañuelo mientras consideraba las implicaciones. ¿Y qué se supone que hagamos con él? Nuestro pueblo no tiene facilidades para mantener prisioneros peligrosos. No será exactamente un prisionero”, explicó el capitán con una sonrisa que no llegaba a sus ojos.

Será más bien un proyecto de civilización. Necesitamos a alguien que se haga cargo de él, alguien que le enseñe nuestras costumbres, nuestro idioma, nuestras maneras. alguien que pueda transformar a un salvaje en un hombre civilizado. Fue entonces cuando todas las miradas se volvieron hacia Paloma, quien había estado escuchando desde el borde de la multitud.

Una mujer sin marido, sin hijos, sin familia que la protegiera, con tiempo libre entre un parto y otro. En los cálculos fríos de los hombres del pueblo, ella era la candidata perfecta para un trabajo que nadie más querría. Paloma Herrera podría hacerlo”, sugirió don Fernando con una sonrisa cruel que ella reconoció inmediatamente.

Después de todo, ya no tiene otras responsabilidades que la mantengan ocupada. Las risitas ahogadas de algunas mujeres fueron como bofetadas invisibles que la golpearon una tras otra. El alcalde asintió como si acabara de resolver un problema complejo. Es una excelente idea.

Paloma es una mujer educada, conoce de medicina y tiene tiempo disponible. Además, si algo sale mal, no estaremos poniendo en riesgo a ninguna familia importante del pueblo. Paloma sintió que el mundo se tambaleaba a su alrededor. Una vez más, estaba siendo utilizada para resolver los problemas de otros, asignada a una tarea que nadie más quería porque su vida era considerada menos valiosa que la de cualquier mujer casada con hijos.

Pero cuando vio las sonrisas satisfechas de Fernando y de los otros hombres del pueblo, algo se encendió en su interior. Una chispa de rebelión que llevaba años dormida. Acepto, declaró con voz clara que sorprendió a todos los presentes, incluyéndose a ella misma. Me haré cargo del prisionero Apache.

No sabía que con esas palabras acababa de sellar un destino que la llevaría hacia la felicidad más inesperada de su vida. Esa noche, mientras preparaba su pequeña casa para recibir a un huésped que nadie había visto, pero que todos temían, Paloma no podía imaginar que estaba a punto de conocer al hombre que no solo cambiaría su vida, sino que despertaría en su cuerpo la capacidad de crear vida que todos habían dado por perdida para siempre.

La mañana siguiente amaneció con un cielo plomizo que parecía presagiar tormenta, pero nada había preparado a Paloma para la tormenta emocional que estaba a punto de desatarse en su vida. Los soldados llegaron temprano antes de que el pueblo despertara completamente, arrastrando cadenas que resonaban contra las piedras como lamentos metálicos. El prisionero Apache caminaba entre ellos con una dignidad que contrastaba brutalmente con su condición de cautivo.

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