La madre lloró fuertemente y pidió que la enterraran junto a su hija, pero al inclinarse notó algo y gritó aterrorizada.

En esencia, un estado de sueño profundo similar al coma, pero con posibilidad de despertar.

Más tarde se descubrió que el médico que había atendido a la joven cometió un error: no percibió el pulso débil. La temperatura corporal era casi igual a la ambiente y la respiración apenas perceptible.

Oficialmente había sido declarada muerta, firmado el certificado de defunción e iniciados los preparativos para el funeral.

Si no hubiera sido por el grito desesperado de la madre, si no fuera por esa despedida…

la joven habría sido enterrada viva.

Ahora está en el hospital, en condiciones estables, y mejora día a día. La madre no se separa de su lado y repite una sola frase:

— Fue un milagro. Y lo sentí… con todo mi corazón.

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