La novia fue al baño en medio de la boda y el conserje susurró una advertencia que lo cambió todo.

Escena 2: Un susurro a través de la rendija
Se estaba ajustando el borde del velo cuando la puerta se abrió unos centímetros.
Un miembro mayor del personal se inclinó: Martin, una figura silenciosa en su familia durante años, el tipo de hombre que la gente deja de ver porque siempre está ahí.
No entró del todo.
Mantuvo la voz baja, como si las paredes oyeran.

"Chica... no bebas de tu vaso", susurró. "Tu prometido puso algo en él. Polvo blanco. Lo vi".
Las palabras salieron rápido, como si le quemaran la boca al salir.
Antes de que pudiera hablar, él volvió a cerrar la puerta.
Y entonces se fue.

Natalie se quedó quieta, con el corazón en la garganta. La frase se repetía una y otra vez, cada vez más fuerte.
Sus manos se enfriaron.
Por un instante, incluso la música del exterior se sintió lejana.

Escena 3: La duda que dividió la imagen
Su mente intentó apartar la advertencia, porque Grant no encajaba con ella.
Grant siempre parecía sólido. Correcto. Un "solucionador de problemas".
Ese era el papel que desempeñaba como un traje.

Dos años antes, cuando Natalie aún intentaba recuperarse tras perder a su primer marido, Grant apareció casi de inmediato.
Había sido repentino: un accidente de coche, noticias que no parecían reales, explicaciones que sonaban técnicas e inapelables.
En medio del caos, Grant se volvió constante: hacía llamadas, gestionaba formularios, se ocupaba de los detalles.
Hablaba con calma y se movía como quien sabe dónde está cada palanca.

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