"¿Dónde has estado?", preguntó en voz baja. "El brindis principal está a punto de empezar".
Natalie mantuvo una expresión neutral.
"Tuve que arreglarme el vestido", respondió, cuidando cada sílaba.
Grant sonrió, pero su sonrisa se detuvo en su boca y nunca llegó a sus ojos.
"Bueno, ya has vuelto", dijo. "Compórtate. Concéntrate".
No era afecto.
Era una orden.
Escena 5: Un pequeño gesto
El maestro de ceremonias levantó su copa y animó a la sala; las sillas se movieron, la gente se giró, los teléfonos se levantaron para tomar fotos.
Las copas se alzaron por todas partes como aplausos sincronizados.
Grant apartó la mirada un segundo para responder a alguien en la mesa. Solo un segundo.
Natalie lo entendió como su única ventana.
Con un movimiento controlado, casi invisible, deslizó las dos copas y las cambió de posición.
No se quedó mirando.
No dudó.
Cuando se quedó quieta de nuevo, su corazón latía tan fuerte que estaba segura de que él podía oírlo a través del mantel.
No pidió ayuda a nadie.
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