No armó una escena.
Simplemente tomó una decisión: no bebería del vaso que le correspondía.
Escena 6: El brindis que se convirtió en una prueba
El brindis continuó, alegre y ruidoso, como si nada en el mundo pudiera salir mal en una habitación como esa.
Natalie mantuvo la compostura mientras su mente se mantenía alerta.
Lo que debería haber sido una celebración se había convertido en una prueba silenciosa: observar, recordar, confirmar si la advertencia de Martin era real o un terrible error.
Escuchó
La risa le sonó como si viniera de otro planeta.
Observó a Grant como se observa una cerradura después de oír el clic.
En ese momento, una verdad se asentó con perfecta claridad: si alguien podía traicionar su confianza en un día como este, tenía que protegerse, silenciosamente, con inteligencia, sin permiso.
La música podía seguir sonando.
La sala podía seguir sonriendo.
Pero su seguridad importaba más que las apariencias.
Y más allá del velo, las luces, el romance preestablecido, solo una cosa contaba ahora: el derecho de Natalie a elegir qué sucedía después.
No el de la multitud.
No el de su padre.
No el de Grant.
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