—Entonces él lo olió, lo escuchó… lo encontró.
Abrió la carpeta y extendió un documento.
—Don Ernesto Salgado… a partir de hoy, Delta queda oficialmente retirado de servicio y asignado a usted. No como “activo” ni como “equipo”. Como familia.
Don Ernesto no respondió con palabras. Sólo apretó el papel con manos temblorosas y abrazó al perro como si fuera el único objeto real en un mundo que muchas veces le había parecido falso.
—Gracias —dijo al fin, con voz rota—. Yo… yo ya no pensaba que me tocara una cosa buena.
El Pastor Alemán apoyó la cabeza en su pecho. Esa misma cabeza que una vez se metió entre balas. Esa misma que ahora sólo pedía hogar.
Valeria se inclinó un poco, con una sonrisa triste y luminosa a la vez.
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