"No hace falta", lo interrumpió suavemente. "Solo prepárate".
Quería decir algo más, pero no encontraba las palabras. Cerró la maleta. Echó el pestillo. Levantó la manija.
"Yo... luego iré por el resto."
"Luego", asintió Natalya.
La puerta se cerró de golpe. Demasiado fuerte. Demasiado ostentoso.
Natalya se quedó en el dormitorio mirando el sobre. Parecía que pesaba más que veinte años de matrimonio.
No lloraba. Las lágrimas estaban cerca, pero no salían. Como si su cuerpo comprendiera: primero tenía que hacer lo más importante, luego podría derrumbarse.
Cogió su teléfono, abrió sus notas y escribió una línea:
"Que crea que ha ganado."
Etapa 2. Mañana en una casa vacía: cuando el silencio pesa más que las palabras, pero inesperadamente trae claridad.
Una semana después, Natalya se despertó en una casa vacía.
Al principio, ni siquiera entendía por qué estaba tan silencioso. Entonces recordó. Y el silencio se convirtió no solo en silencio, sino en una prueba.
La cocina estaba limpia. Puso la tetera por costumbre y solo entonces se dio cuenta: Andrey no había dejado una nota, un mensaje, ni siquiera un "¿qué tal?". Se había ido como suele hacer la gente, confiando en que la otra persona lo aguantaría.
Natalya abrió la ventana. Abajo zumbaban los coches, alguien paseaba al perro; la vida era normal. Pero su vida... ya no.
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