«Encontré esto en la oficina. Intenté ignorarlo. No pude». Lucía le entregó el informe. «Este bebé... puede que no sea tuyo».
Vanessa intentó reír, pero la risa se apagó. “Es mentira.” Pero en la tercera fila, Tiago, el mejor amigo de Henrique, bajó la cabeza como si recibiera una sentencia. Henrique leyó la nota, miró a Tiago, luego a Vanessa, y su mundo cambió de color.
Vanessa se derrumbó. “Te lo iba a decir… luego.” Tiago no lo negó. Henrique dejó caer el anillo al suelo del altar. El sonido metálico pareció el punto final.
Lúcia se fue antes de que alguien pudiera culparla. Afuera, el cielo estaba frío, pero sentía paz. La verdad había dolido, sí. Pero esta mentira le habría dolido toda la vida.
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