Sueños que se sienten como mensajes o advertencias.
Una fuerte percepción de que algo —o alguien— «no está bien».
Sentir el dolor de otra persona antes de que diga una palabra.
Estas mujeres son como antenas espirituales que detectan lo que otros pasan por alto, y a menudo se sienten abrumadas por ello.
La sociedad moderna desestima esta sensibilidad, pero espiritualmente puede ser un don:
un llamado a proteger, a discernir, a orar y a mantenerse espiritualmente alerta, no por miedo, sino por amor.
3. Un anhelo de silencio y soledad con Dios
Las mujeres elegidas no prosperan en el ruido constante. Aunque puedan socializar, algo en su interior necesita:
Momentos de tranquilidad a solas.
Silencio, libre de pantallas y distracciones.
Tiempo para la oración, la lectura de las Escrituras o la reflexión serena.
En estos momentos, suelen sentir:
Claridad mental que antes les faltaba.
Respuestas a sus preocupaciones.
Una paz que no encuentran en ningún otro lugar.
Espiritualmente, este silencio se percibe como el espacio donde Dios susurra al corazón.
Su atracción por la soledad no es aislamiento, sino un llamado a una comunión más profunda con Él.
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