LAS CUATRO CHICAS DESAPARECIDAS — Y EL SECRETO QUE DESPERTÓ TRAS 34 AÑOS

Pero nada fue tan desconcertante como lo que ocurrió después.

Una mañana de abril, Nerea no llegó al instituto. Y tampoco volvió a casa. Dos días después, desapareció Clara. Luego Marisa. Finalmente, Julia.

Una por una.
Sin despedidas.
Sin notas.
Sin señales de forcejeo.

Simplemente… se esfumaron.

La Guardia Civil abrió una investigación a fondo: entrevistas, búsquedas en los bosques cercanos, controles en carreteras, interrogatorios a novios, profesores e incluso a los propios padres. Pero no apareció ninguna pista.

La prensa local no dejó de publicar titulares sensacionalistas, hasta que el caso fue archivado por falta de avances. El instituto empezó a perder alumnos, los pasillos quedaron vacíos y el pueblo se hundió en una mezcla de culpa y miedo. Con el paso de los años, el recuerdo de las cuatro chicas se convirtió en un tema tabú, algo que nadie quería mencionar.

Treinta años después, en 2021, el instituto seguía en pie, aunque parcialmente remodelado. El conserje más antiguo, Eusebio Santín, era de los pocos que habían trabajado allí desde los años noventa. Era discreto, meticuloso y poseía una memoria sorprendentemente clara.

Una mañana de octubre, mientras revisaba un trastero que pronto sería demolido, Eusebio notó que una vieja rejilla de ventilación estaba suelta. Al retirarla, descubrió un hueco detrás de la pared: estrecho, profundo y cubierto de polvo.

Dentro había una carpeta húmeda, envuelta en plástico escolar típico de los años noventa.

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