LAS CUATRO CHICAS DESAPARECIDAS — Y EL SECRETO QUE DESPERTÓ TRAS 34 AÑOS

Pero todas coincidían en un punto:

habían confiado en la misma persona.

Ese nombre aparecía subrayado en la carta y repetido varias veces en las notas de la carpeta: Alfonso Mera, profesor de Historia con contrato temporal, que solo impartió clase aquel año, descrito por los alumnos como “encantador”, “joven” y “demasiado cercano”.

Según Julia, Mera manipuló a cada chica de manera distinta. Con una, se hizo pasar por confidente. Con otra, por protector frente al acoso. Con otra, por guía académico. Con Julia, por alguien que “entendía” su situación familiar complicada.

En otras palabras: un depredador oculto bajo la máscara de un profesor “que se preocupaba”.

Cuando las chicas empezaron a sospechar que Mera podía haber abusado de varias a la vez, intentaron enfrentarlo. Pero la reacción de Mera fue fría y calculada: les hizo creer que nadie las apoyaría, que él tenía contactos, que podía negarlo todo y convertirlas en “adolescentes mentirosas que querían arruinar la vida de un hombre”.

Entonces les ofreció una “solución”:

irse temporalmente a una casa rural que, según él, era de su familia, donde podrían “pasar el embarazo en paz”.

Julia admitía que en ese momento ya no pensaban con claridad. Ninguna quería enfrentar a sus padres. Ninguna quería ser titular de prensa. El miedo las paralizaba.

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