LAS CUATRO CHICAS DESAPARECIDAS — Y EL SECRETO QUE DESPERTÓ TRAS 34 AÑOS

En el margen, con tinta roja, se leía una frase corta:

“NO TRAMITAR — ORDEN DE DIRECCIÓN.”

Eusebio cerró los ojos.

Recordaba perfectamente al director de entonces: un hombre con contactos políticos, obsesionado con “proteger el prestigio del instituto”.

De pronto, todo encajaba.

LA PISTA DE LA CASA RURAL

Eusebio no fue a la policía de inmediato.

Necesitaba estar seguro.

Con la información de la carta y los documentos, buscó en antiguos registros de propiedades de la zona montañosa. Tras días de revisar, encontró un terreno aislado que había estado a nombre del profesor a principios de los noventa.

Una casa rural abandonada, escondida en un valle, casi desconectada del mundo.

Eusebio llegó allí una mañana de niebla.

La puerta de madera, podrida por el tiempo, cedió con facilidad. Dentro encontró restos de una vida precaria: colchones viejos, latas de comida, botellas de agua con etiquetas de 1991.

En un rincón, bajo tablas rotas, halló un cuaderno pequeño.

En la portada aparecían cuatro nombres escritos con letra temblorosa.

Dentro había notas cortas, fragmentadas:

— “Hoy no trajo leche.”
— “Oí un coche, pero no era él.”
— “Me duele el vientre.”
— “Tenemos que salir.”

La última página estaba escrita con prisa:

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