la pared de roca, pensando en todo el viaje que lo había llevado hasta allí, desde la humillación en la inmobiliaria hasta aquel momento de descubrimiento renovado. Dr. Fernando López, parece que nuestro yacimiento aún tiene muchas sorpresas para darnos. Parece que sí. Y sabes una cosa, creo que ni siquiera hemos llegado a la parte más interesante de la formación. ¿Cómo es eso? Los análisis geológicos muestran que la formación pegmatítica desciende aún más. Puede tener niveles de riqueza que ni siquiera imaginamos.
Aquella noche, Ricardo Mendoza subió al techo de su casa para observar las estrellas. Era algo que hacía todas las noches desde que se mudó al terreno definitivamente. Mirando la operación iluminada que funcionaba 24 horas al día, pensó en cómo la vida puede cambiar de forma inesperada. Años atrás estaba en una de las peores fases de la vida, humillado, sin dinero, casi sin esperanza. Ahora controlaba uno de los mayores descubrimientos minerales del país. Había generado empleos para cientos de personas y construido un legado que duraría generaciones.
Pero lo que más lo enorgullecía no era la riqueza, era haber probado que el conocimiento, la determinación y la honestidad aún valían algo en este mundo. Su teléfono sonó. Era José Luis Ramírez, el evaluador de piedras preciosas que había hecho el primer análisis de los cristales años atrás. Ricardo Mendoza, te llamo para darte una noticia que te va a volver loco. ¿Qué pasó, José Luis? Las esmeraldas que encontraron en la nueva galería. Acabo de terminar el análisis completo.
Y bien, Ricardo Mendoza, estas piedras son de calidad museo, algunas de las mejores esmeraldas jamás encontradas en el mundo. ¿Cuánto valen? La mayor de ellas puede valer 5 millones de pesos y hay más de 20 piedras de ese tamaño en la galería. Ricardo Mendoza quedó en silencio intentando procesar la información. José Luis, eso significa que solo esa galería tiene más de 100 millones en esmeraldas. Puede haber mucho más. Y Ricardo Mendoza, eso es solo lo que logramos ver hasta ahora.
La galería continúa. Después de colgar el teléfono, Ricardo Mendoza se quedó unos minutos más mirando las estrellas. Era difícil creer que aún había más riquezas escondidas en el terreno. Pensó en la ironía de todo. Fernando Vargas y sus socios le habían dado ese terreno como una broma cruel, pensando que era un regalo inútil para alguien que ya lo había perdido todo. Ahora ese regalo valía cientos de millones de pesos y seguía revelando nuevas sorpresas. Pero Ricardo Mendoza había aprendido que el valor real del descubrimiento no estaba en el dinero, estaba en la segunda oportunidad que
la vida le había dado, en la posibilidad de reconstruir no solo su situación financiera, sino su dignidad, sus relaciones familiares y su sentido de propósito. El descubrimiento había probado que a veces lo que parece un obstáculo puede esconder las mayores oportunidades y que el conocimiento combinado con la perseverancia puede transformar cualquier situación, por más desesperada que parezca.
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