Lena lo sintió desde la mañana: el día sería…

Algo había salido mal.

"Pase", dijo con una sonrisa forzada. "Hemos puesto la mesa... ahí, en la cocina. Es más cómodo así".

La cocina de verano estaba limpia pero fría. El mantel era sencillo. La vajilla, común y corriente. Ese lugar era para el servicio.

Lena vio temblar los dedos de su madre. Su padre se quitó lentamente la chaqueta y la colgó con cuidado en el respaldo de una silla.

No se indignaron. No lo cuestionaron. Simplemente lo aceptaron.

Eso fue lo más aterrador.

La conversación fue tensa. Zhanna Eduardovna habló mucho: de negocios, de viajes, de lo difícil que es ahora "mantener el nivel". Las palabras caían como piedras pequeñas, sin pausas, sin interés en sus interlocutores. “Bueno, tu vida es mucho más sencilla”, dijo con indiferencia. “Pero el aire es limpio”.

Andréi Ivánovich asintió.

“Sí. Nuestro aire es bueno”.

Comió en silencio. Luego, con tranquilidad, sacó una vieja carpeta de su bolso. Estaba desgastada, con las esquinas descoloridas.

Zhanna Eduardovna se quedó paralizada.

“Estos…”, empezó con calma. “Documentos. Del terreno. De contratos antiguos. Pensé, ya que prácticamente somos familia…”

Él…

Abrió la carpeta.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.