Ella sonrió, por primera vez, con sinceridad.
"No. Simplemente dejé de tener miedo".
No hablaron mucho. De los niños. De la salud. Del clima, como desconocidos.
Antes de irse, él dijo:
"Podrías tenerlo todo".
Leyla lo miró con atención.
"Sí. Solo que no lo que tú considerabas valioso".
12. Después del cuento de hadas
A veces la gente todavía le preguntaba si se arrepentía.
No respondió de inmediato. La lástima es una emoción compleja. Tenía demasiadas capas.
"Solo me arrepiento de una cosa", dijo. "Que durante tanto tiempo creí que mi valor se medía por la cantidad de sacrificios que hacía".
De lo contrario, no.
Porque el miedo puede resultar familiar. La jaula puede ser hermosa. Y las cadenas pueden ser invisibles.
Pero la libertad, una vez experimentada, nunca se va.
Aunque el precio sea demasiado alto.
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