Lena tenía diecinueve años y todavía estaba sorprendida.

2. Más rápido que el miedo

Él no la cortejó en el sentido tradicional. No hubo flores, ni paseos, ni largas conversaciones. Hubo encuentros breves, intensos, como si tuviera prisa por vivir. Hacía preguntas, escuchaba atentamente, a veces permaneciendo en silencio tanto tiempo que Lena empezó a ponerse nerviosa.

"No eres como las mujeres que conozco", le dijo una vez. "No tienes expectativas. Eso es raro".

Ella no sabía si era un cumplido o una advertencia.

Tres meses después, le propuso matrimonio.

No en un restaurante, ni de rodillas. Simplemente dijo:

"Quiero que seas mi esposa".

Lena estaba perdida. Entendía que este era un mundo diferente. Una fe diferente. Otras reglas. Intentó decir: "Necesito pensarlo", pero las palabras quedaron ahogadas por su tranquila confianza.

"Te lo daré todo", dijo. "Seguridad. Un nombre. Un futuro".

No habló de amor.

Un mes después, se convirtió. Le dieron un nuevo nombre: Layla. El antiguo permaneció en algún lugar entre aeropuertos, documentos y la mirada silenciosa de su madre en una videollamada.

La boda fue lujosa, pero fría. Música, oro, cientos de invitados... y se sintió como si estuviera dentro de una hermosa jaula.

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