Esa noche, cuando estaban solos, Khalid le dijo en voz baja, casi con ternura:
"Serás la madre de mis herederos. Cada año, un nuevo hijo. Eso es lo que dicta la tradición".
Layla sonrió. Aún no entendía que no era una petición.
3. Muros Dorados
El primer año fue como un sueño.
Tenía su propio jardín, donde las fuentes cantaban por las mañanas. Habitaciones en las que podías perderte. Sirvientes que conocían sus costumbres mejor que ella.
Aprendió árabe, vestía telas caras y se acostumbró al silencio. Khalid aparecía con poca frecuencia, pero siempre seguro y reservado, como un hombre sin dudas.
Quedó embarazada rápidamente.
Todos se alegraron. Los sirvientes sonrieron, los médicos hicieron una reverencia y, por primera vez, Khalid se permitió tocar su vientre con algo parecido al orgullo.
Nació un hijo.
Un año después, un segundo.
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