No era la voz melodiosa que le susurraba "Te amo" por la noche. Era un siseo cruel y venenoso, cargado de un odio que Leonard ni siquiera sabía que existía. Lo que Anne estaba a punto de hacer, y las palabras que estaba a punto de escupir, cambiarían el destino de todos para siempre.
"¿Por qué no te mueres de una vez, vieja patética?", gritó Anne, asestando una patada que golpeó el costado de la anciana.
Al principio, las palabras no se registraron en la mente de Leonard. Flotaron sobre el frío mármol, sobre la angustia, sobre el mundo que creía haber construido. Pero cuando finalmente aterrizaron, algo en su interior se hizo añicos con un estruendo ensordecedor. Los tulipanes se le resbalaron de los dedos, golpeando el suelo sin hacer ruido, mucho más suave que el grito que le ahogaba el pecho.
"¡Eres una carga!", continuó Anne, ajena a la presencia de Leonard, avanzando amenazadoramente hacia la mujer indefensa en el suelo. "¡Nadie te quiere aquí! ¡Leonard solo te soporta por lástima!".
Catherine se encogió, preparándose para otro golpe, cerrando los ojos con resignación. Pero el golpe nunca llegó. En cambio, el sonido de pasos rápidos y pesados resonó por la habitación. Anne se giró, con la furia aún pintada en el rostro, y le puso la gasa a Leonard.
En ese instante, el rostro de Anne palideció. Abrió la boca, pero ninguna mentira podía eclipsar la verdad que acababa de revelarse. Leonard no dijo nada. Al principio no. Simplemente pasó junto a ella como si fuera un fantasma, se arrodilló junto a su madre y la envolvió en sus brazos. La abrazó con la misma fuerza y ternura con la que ella lo había abrazado durante las tormentas de su infancia, cuando él era pequeño y ella era inquebrantable.
Catherine sollozó, no por el dolor en las costillas, sino por la devastación que vio en los ojos de su hijo. Lloró porque no había podido protegerlo de esto, porque su sufrimiento silencioso había sido expuesto de la manera más cruel.
"Leonard...", la voz de Anne tembló, cambiando de tono al instante, buscando la suavidad manipuladora que tan bien dominaba. "Cariño, esto no es lo que parece. Se... se cayó. Estaba intentando ayudarla a levantarse. Me asustaste, eso es todo."
Leonard no la miró. Su atención estaba puesta por completo en revisar las manos temblorosas de su madre, en acariciar su cabello plateado para calmarla. Catherine se estremeció cuando Anne intentó acercarse a ellos.
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