Tragó saliva y todo su cuerpo se estremeció.
"Dijo que si se lo contábamos a alguien... nos iríamos".
"Dijo que volvería a lastimar a Milo".
Adrien se quedó paralizado. Su mente intentó rechazar lo que su corazón ya entendía.
Su esposa, la madrastra de Sophie, había estado sola en esa casa con ellos.
Y Sophie había estado viviendo como una prisionera bajo el mismo techo.
La llamada que nunca pensó que haría
Adrien se obligó a respirar. Una inhalación lenta. Luego otra.
Cogió el teléfono y habló con una calma tan controlada que le sonó desconocida, incluso a él.
"Necesito una ambulancia. Dos niños. Necesitan ayuda urgente". No discutió consigo mismo sobre cómo había sucedido. No perdió tiempo intentando entenderlo.
Se movió.
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