"Estás cansada. Déjame encargarme de esto."
Los ojos de Adrien permanecieron inmóviles.
"Nunca volverás a tocar a mis hijos."
El silencio entre ellos fue como una puerta que se cierra.
Afuera, comenzaron a oírse sirenas lejanas.
La expresión de Valérie se tensó, su dulzura se quebró.
"Están exagerando", espetó. "Están..."
"Vete."
Y por primera vez, parecía asustada; no por lo que había hecho, sino por lo que estaba a punto de perder: el control.
Prueba que no requirió ni una sola discusión.
En el hospital, los médicos actuaban rápido. Demasiado rápido. La velocidad que te dice que la situación es peor de lo que quieres admitir.
Adrien lo canceló todo: reuniones, tratos, vuelos, toda la vida que había construido. Nada de eso importaba.
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