Llegué a casa al mediodía. La puerta del baño estaba entreabierta... y oí una risa familiar. Al acercarme, vi a mi prometido sentado en la bañera con mi hermana. No grité. Yo...

Me apoyé en la pared del pasillo, con el corazón latiendo con fuerza, pero la cara seguía seca. Tres años de amor. Una boda en cuatro meses. Una hermana en la que confiaba plenamente.

Oí que llamaban a la puerta. Daniel gritó. Emily lloró.

Entonces, a través del parabrisas, vi el coche de Mark entrar en la entrada. Fue entonces cuando por fin me permití respirar, porque sabía que lo que pasara después lo cambiaría todo para siempre.
Abrí la puerta antes de que Mark llamara. Una sola mirada a mi rostro le borró la sonrisa del rostro. "¿Qué pasa?", preguntó.
Me hice a un lado y señalé el pasillo. "Al baño. La puerta está cerrada. Son ellos quienes deberían decírtelo, no yo". Frunció el ceño al pasar junto a mí. Los golpes habían cesado. Dentro, solo se oían susurros apagados, desesperados y apresurados.
Mark llamó una vez. Fuerte. "Emily. Abre la puerta". Silencio.

"Emily", repitió con voz más seca. "Abre. La. Puerta". La abrí y retrocedí.
La puerta se abrió de golpe y se convirtió en un caos absoluto. Las toallas estaban torpemente apretadas contra las paredes. Daniel estaba pálido y furioso. Emily temblaba, con el rímel corrido por las mejillas. Mark los miró fijamente. Al principio, no dijo nada. Su mirada se deslizó lentamente de Daniel a Emily, luego de vuelta a Daniel, como si su cerebro se negara a procesarla.

Finalmente, se rió, una risa corta y entrecortada. "Dime que me equivoco". Emily corrió hacia él, tendiéndole la mano. "Mark, por favor..." Retrocedió como si fuera un desconocido. "¿Cuánto tiempo?", preguntó en voz baja. Nadie respondió.

"Eso es lo que pensaba", dijo. Se giró hacia Daniel. "Te vas a casar con ella". Daniel abrió la boca. Mark le dio un puñetazo antes de que pudiera hablar.
El sonido resonó por toda la casa. Daniel se apoyó en el lavabo, aturdido. Yo permanecí inmóvil. No sentí satisfacción, solo una calma inquietante y vacía. Mark se fue sin decir una palabra más. Emily se desplomó en el suelo, sollozando.

Fui a la cocina, me serví un vaso de agua y me senté a la mesa donde solíamos planificar nuestras vacaciones familiares. Diez minutos después, Mark me envió un mensaje: "Se acabó. Gracias por avisarme".

Daniel intentó hablar esa noche. Disculpas. Justificaciones. "Simplemente pasó". "No significó nada". Le dije que empacara sus cosas y se fuera. El anillo terminó en la basura.

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