Entendido.
Brevemente. Sin palabras innecesarias. Y eso fue suficiente.
Esa noche, Irina se sentó en el porche con una taza de té y pensó en lo extraño que era a veces tener que defender lo obvio. El hogar, los límites, el respeto; cosas sencillas, pero, de alguna manera, son precisamente por eso por lo que uno tiene que luchar más a menudo.
No sentía rabia. Solo una tranquila confianza.
Este terreno, esta casa, este silencio; nada de eso tenía que ver con el pasado.
Se trataba de ella. Sobre un nuevo capítulo, donde ya no permitía que nadie se sintiera extraño en su propio espacio.
Irina cerró la puerta, giró la llave y se fue a dormir con el corazón en paz.
La historia había terminado.
Pero la vida apenas comenzaba.
Pasó un mes.
La dacha se transformaba poco a poco.
Irina venía casi todos los fines de semana: arreglaba algo, plantaba algo o simplemente rediseñaba algo para adaptarlo a sus necesidades. La casa parecía cobrar vida con ella. Quitó las cortinas viejas y compró unas nuevas, luminosas y aireadas. Una manta y una mesita para el café de la mañana aparecieron en la terraza.
Y entonces, un sábado por la mañana, mientras Irina cavaba en el parterre, oyó el ruido de un coche que se acercaba.
El corazón le dio un vuelco.
Se enderezó y miró hacia la carretera. Un coche conocido se detuvo en la verja. Sergei, su exmarido, salió. Llevaba una bolsa de la compra y parecía visiblemente avergonzado.
"Hola", dijo, sonriendo con incertidumbre. "¿Puedo entrar?".
Irina se secó las manos en los guantes y asintió.
"Dime enseguida por qué has venido".
Suspiró.
"Mamá... sigue preocupada. Dice que la interrumpiste demasiado bruscamente". Hizo una pausa. "Pero, sinceramente, no vine por ella."
Irina lo miró con atención. Durante el último mes, inesperadamente, había aprendido a ver a la gente con más claridad, sin ilusiones.
"¿Entonces por qué?"
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
