—Lo siento…
Sophie abrió lentamente los ojos.
Su mirada fue una mezcla de confusión y dolor.
—Vi las fotos —dijo con voz débil—. No necesitaba confirmarlo.
Michael no encontró palabras.
Las lágrimas le corrían sin control.
—Fue un error. No significa nada…
—Para ti —interrumpió ella—. Pero para mí lo significa todo.
El silencio que siguió fue insoportable.
Elena observaba desde la puerta, sabiendo que el matrimonio de su hija pendía de un hilo.
No habló.
No hacía falta: el tiempo sería quien dictara la sentencia.
Días después, Sophie recibió el alta médica, pero no volvió a casa con él.
Se fue al apartamento de su madre, buscando aire.
Michael intentó insistir, enviar flores, prometer cambios, pero lo único que recibió fue una respuesta breve:
“Necesito paz, no promesas.”
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