Lleva a su amante a un hotel de 5 estrellas, pero se sorprende cuando su esposa entra como la NUEVA propietaria.

Sonrió.

"Perfecto. Cuéntamelo todo". Seis meses después, Jimena se encontraba frente a otro listón rojo, tijeras en mano. Su cuarto hotel inauguraba esa mañana, con prensa, inversores y cámaras por todas partes. El Belmont Reforma se había convertido en la joya de su pequeño imperio, famoso por su elegancia... y su discreción.

A su lado, revisando atentamente el programa, estaba Nadia. Vestía un traje beige y llevaba una etiqueta con el nombre "Directora de Marketing".

"No tenías que hacer esto por mí", le había dicho Nadia el día que Jimena le ofreció el puesto.

"A ti también te engañaron", respondió Jimena. "Y además, eres buena en lo que haces. Creo en las segundas oportunidades. Es solo que hay gente que ya las ha agotado".

Nadia había aceptado con lágrimas en los ojos.

Ahora, mientras los fotógrafos buscaban el mejor ángulo, Jimena pensaba en la mujer que había sido: la que esperaba despierta mirando el reloj, la que creía sin pruebas, la que puso su vida en suspenso por los planes de alguien más.

Esa mujer se había ido.

Pero no la había reemplazado alguien amargada. Jimena Whitmore se sentía fuerte, contenta, en paz. Había transformado la traición en motivación, el dolor en fuerza motriz. Había dejado de ser "la esposa de Tomás" y se había convertido en algo mucho más importante: ella misma.

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