Tomás sintió que el vestíbulo se inclinaba bajo sus pies.
“Jimena, esto no es lo que parece…”
“Ah, ¿verdad?”, interrumpió. “Porque parece que trajiste a tu amante a un hotel de lujo usando la tarjeta vinculada a nuestra cuenta conjunta. La misma cuenta que he estado revisando durante seis meses”.
“Sé muchas cosas”. La recepcionista se quedó paralizada, sin saber si agacharse o desaparecer. A un lado, en la puerta de una oficina, otra mujer con traje oscuro observaba la escena con los brazos cruzados, la expresión de quien hubiera ensayado este momento.
"¿Me has estado espiando?", exclamó Tomás, intentando recuperar el control.
"¿Espiando?", Jimena soltó una risita sin humor. "Tomás, ni siquiera fuiste creativo. 'Trasnochadas en la oficina' que tu asistente no pudo confirmar. 'Conferencias' de fin de semana que tu jefe nunca mencionó. Cargos del hotel en la tarjeta de crédito compartida. No necesitaba espiarte. Solo tenía que prestar atención".
Nadia dio un paso atrás.
"Me... me voy", murmuró. "No quiero problemas".
"No te vayas por mi culpa", dijo Jimena, y su tono la detuvo en seco. "De hecho, deberías quedarte. La habitación ya está pagada". Disfruta del spa, pide el servicio a la habitación, aprovecha todas las comodidades. Considéralo una compensación por tu tiempo.
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