Lleva a su amante a un hotel de 5 estrellas, pero se sorprende cuando su esposa entra como la NUEVA propietaria.

—Soy Mariana Chen, abogada de la señora Briones —se presentó con un leve asentimiento—. Buenas noches, señor Briones.

La oficina de Jimena era espaciosa, con vistas al Paseo de la Reforma. Había maquetas de hoteles en un estante y planos enmarcados en la pared. Nada de eso existía en la vida que Tomás creía conocer.

Mariana se sentó en un rincón, abrió una carpeta de cuero y guardó silencio.

—¿Desde cuándo lo sabes? —preguntó Tomás en cuanto se cerró la puerta—. ¿Desde cuándo sabes de… Nadia?

—De ella, hace dos meses —respondió Jimena, sentándose tras el escritorio—. De tus infidelidades en general… casi un año.

Tomás parpadeó.

—¿Un año? “La primera fue Estefanía, la de contabilidad, ¿recuerdas?”, enumeró, como quien revisa una lista de proveedores. “Luego la de la conferencia en Cancún. Después, otra que ni siquiera me molesté en identificar. Dejé de contar después de la cuarta.”

Se desplomó en una silla.

“Si sabías todo eso… ¿por qué no dijiste nada?”
Jimena juntó las manos sobre el escritorio. Tenía las uñas perfectamente cuidadas. Él nunca se había dado cuenta.

“Porque necesitaba tiempo”, respondió. “Para pensar. Para documentarlo todo. Para asegurarme de que, cuando decidiera terminar este matrimonio, lo haría desde una posición de fuerza.”

Tomás tragó saliva.

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