Corrió al cuarto de Elena.
Ricardo estaba en el suelo, inconsciente.
El monitor emitía un pitido irregular.
—¡Ricardo! —gritó Sofía, arrodillándose junto a él.
Esa noche, fue ella quien sostuvo su mano en el hospital.
Y en ese instante, lo entendió todo.
No se trataba de un matrimonio perfecto.
Se trataba de amor real.
El hospital olía a cloro y a miedo. Sofía permanecía sentada junto a la cama de Ricardo, sin soltarle la mano, observando el movimiento irregular de su pecho. Cada pitido del monitor era un recordatorio brutal de lo cerca que había estado de perderlo sin haberlo conocido del todo.
—Si algo le pasa… —susurró Elena, sentada en una silla al fondo—, nunca me lo perdonaré.
Sofía no respondió de inmediato. Tenía la garganta cerrada.
—Durante tres años —dijo al fin, sin mirarla— pensé que mi matrimonio estaba vacío. Que había algo sucio que nadie se atrevía a decirme. Y todo este tiempo… él estaba muriéndose en silencio.
Elena rompió a llorar.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
