Los días siguientes fueron brutales. Aparecieron pruebas. Un segundo teléfono. Mensajes que me llamaban "fácil de manejar".
La traición no fue la aventura.
Fue el desprecio.
Me fui en una semana.
Ryan intentó reescribir la historia.
Pero a los reporteros no les importan las manipulaciones.
Y todo empezó con la ropa sucia.
Un bolsillo.
Una advertencia que alguien más notó primero.
Si esta historia te inquietó, confía en esa sensación. El silencio protege a la gente equivocada. Y el más mínimo detalle puede ser lo que salve la vida de alguien.
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