Llevé la ropa de mi esposo a la lavandería. De repente, el personal me llamó: «Señora, hay algo aterrador en el bolsillo...». Al verlo, casi me desmayo.

"Jueves. Misma habitación. No lo olvides. No puede saberlo".

Jueves.

El día que fui a ver a mi especialista en fertilidad.

El día que Ryan siempre insistía en llevarme.

Parte 2 — Cuando las mentiras tomaron forma
Salí de la tintorería con la bolsa en el bolso, pesada como un ladrillo. El cielo estaba despejado. Pasaban coches. Todo parecía fuera de lugar para lo normal que era.

Harborview Suites estaba a quince minutos. Lo sabía porque Ryan mencionó una vez una conferencia allí. Le creí sin dudarlo.

En casa, dejé todo sobre la mesa de la cocina como si fuera una prueba: las pastillas, la tarjeta de acceso, la nota, el recibo.

Me dije a mí misma que debía pensar con claridad.

Las pastillas por sí solas no demostraban una infidelidad. Podrían haber sido cualquier cosa.

Pero la llave del hotel —y la misma habitación, ella no podía saberlo— destruyó cualquier posibilidad de inocencia.

Busqué la información de la pastilla en internet. Cuando apareció el resultado, se me quedó la boca abierta.

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