Llevó a su amante a la gala, pero su esposa se robó el espectáculo.

“Como abogado de Elena Molina”, anunció, “confirmo que los procedimientos legales se formalizaron esta tarde en la Audiencia Provincial”.

Continuó, profesional y preciso:

Habría una auditoría completa.

Había irregularidades.

Traslados.

Malversación de recursos corporativos.

Ricardo intentó protestar, pero los detalles de Montenegro eran demasiado específicos: un apartamento vinculado a estructuras fantasma, gastos disfrazados, contratos que parecían de consultoría pero funcionaban como un conducto.

Isabela palideció.

“¿Qué contratos?”, susurró.

La sonrisa de Elena no cambió.

“Ay, querida… ¿no lo sabías? Ricardo creó contratos entre tu empresa y la suya para justificar transferencias. Conveniente, ¿verdad?”

Isabela se estremeció, horrorizada.

La ira de Ricardo se transformó en pánico.

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