Llevó a su amante a la gala, pero su esposa se robó el espectáculo.

Elena entonces ofreció lo que, a ojos de los demás, sonó a clemencia.

“Puedes quedarte con el diez por ciento de la empresa”, dijo, “suficiente para una vida cómoda. Puedes quedarte con la casa de la playa. Puedes quedarte con el apartamento”.

Ricardo la miró fijamente.

“¿Y a cambio?”

La mirada de Elena se agudizó.

“Firmarás una confesión completa y asumirás la responsabilidad. Te comprometes a no volver a involucrarte en los negocios de la familia Silveira. Y no te pondrás en contacto con nosotros”.

“¿Y si me niego?”

La sonrisa de Elena se volvió gélida.

“Entonces podrás explicar tus decisiones creativas a las autoridades durante los próximos cinco a diez años. Y la Sra. Carvallo también podrá explicar su participación”.

Isabel sollozó.

“No lo sabía”, insistió. “No sabía que los contratos eran falsos”.

El tono de Elena se suavizó, solo un poco.

“Te creo. Por eso te ofrezco una salida”.

Una opción: testificar sobre los métodos de Ricardo y quedar impune, o negarte y ser tratada como cómplice.

Isabel miró a Ricardo y, por primera vez, sus ojos reflejaban miedo de él, no de él.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.