Llevó a su amante a la gala, pero su esposa se robó el espectáculo.

4) La Sala Privada y la Decisión Final
Después del salón de baile, los tres se trasladaron a una suite privada. Sillas de cuero. Una mesa pulida. Contratos dispuestos como armas envueltas en papel.

Ricardo finalmente estalló.

“Esto es una trampa. Ella lo planeó”.

La voz de Montenegro se mantuvo firme.

“Señor Molina, su esposa usó pruebas documentadas: préstamos, transferencias, uso indebido de cuentas corporativas. La vigilancia por sí sola es exhaustiva”.

Aparecieron fotos sobre la mesa: Ricardo e Isabela entrando al apartamento, comprando, viajando. Isabela los miró como si viera su propia vida desde fuera.

"Lo supo... durante meses", susurró Isabela.

Montenegro lo confirmó: las sospechas de Elena comenzaron al notar discrepancias financieras. Investigó discretamente, reunió pruebas y diseñó una estrategia.

Entonces Elena entró en la habitación; ya no llevaba tiara, pero conservaba la misma autoridad serena.

"No estaba fingiendo", dijo. "Estaba observando".

Ricardo intentó exigir privacidad.

Elena se negó.

"No nos queda nada privado".

Enumeró lo que tenía: registros, declaraciones, mensajes, documentación suficiente para el divorcio, y más.

Entonces se presentaron las opciones:

Ricardo firma, confiesa, acepta una parte reducida, evita las consecuencias penales.

Ricardo se niega, y todo va a las autoridades, con graves consecuencias.

La opción de Isabela era similar: cooperar o verse arrastrada a las consecuencias.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.