Llevó a su amante a la gala, pero su esposa se robó el espectáculo.

Algo en ese mensaje le sonaba... raro.

Entonces, su chófer, Carlos, apareció en la puerta.

“Señor, el coche está listo. ¿Adónde vamos primero?”

La pregunta fue como un veredicto.

Ricardo miró la foto de Elena y luego imaginó a Isabela esperando en su apartamento, esperando su “victoria”.

Tomó su decisión.

“Carlos… primero recogemos a la Sra. Carvallo. Luego vamos a la gala”.

Se sintió imprudente, vivo, como un hombre que entra en una nueva historia.

Lo que no sabía era que Elena ya había reescrito el final.

2) El salón de baile y la primera grieta
El Ritz parecía un joyero: candelabros que derramaban luz dorada, manteles de seda importados de Francia, una orquesta de cámara tocando valses. Trescientos invitados flotaban con vestidos y esmóquines de diseñador, intercambiando sonrisas como si fueran moneda de cambio.

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